Cuando el entrenador Warlok se despidio de los alumnos y se retiro con sus cosas para viajar, llego el sustituto.
Él era muy grande y con músculos anchos. Vestía unos pantalones de cuero con una chaqueta negra y botas grises. Se llamaba Héctor, en sus ojos se veia la amabilidad que tenia aquella persona tan poderosa, tan seria. Cuando tuvieron que ir a entrenar, trataba a sus alumnos como si fueran algo muy especial y cuando algo salia mal los alentaba para que no contengan tristesa. Ademas era muy apuesto, y se debia a ello que las alumnas estaran locas por él y supieran todo acerca suyo. Aunque aún así, escondia un oscuro y tenebroso secreto a resolver, como una verdad muy escondida en el fondo, en el mas ondo de los fondos.
Luego de que todos los alumnos fueran a sus habitaciones, después de cenar, Emma fue a su ventana para ver el paisaje, unos segundos después, de tanto ver por la ventana, bajó la mirada bruscamente, como si hubiese sido un presentimiento, algo que la llamara, una sombra oscura y de aspecto horrible que transmitía un sentimiento de terror y pánico, corría para el norte del jardin, hasta encontrarse con una carrosa, de la cual un joven, de unos 18 años salió y la sombra apurada le entregó un sobre y una caja chica. Emma sorprendida avisó a Shiro que se encontraba durmiendo en una de las camas de la habitación, Shiro protestando se dio vuelta para seguir durmiendo y con una mano le pegó una cachetada a Emma, la cual no hizo caso, le lanzo una mirada de enojo y se fué a acostarse sin hacer escandalo, aunque aún así pensaba consantemente en esa sombra tan perturbadora y tenebrosa.
Al otro día, muy temprano, el director ordenó sonar las campanas, para levantar a los alumnos que seguían durmiendo y que se encontraran en el comedor. Emma al levantarse, se acordó de lo que habia pasado la noche anterior y contó todo a Shiro, que no le prestaba mucha atención ya que seguía dormitando y cuando terminó de hablar, le dijo pensativa
-si es extraño…-
-¿lo ves? Y eso que no querías hacerme caso- dijo Emma presumiendo.
-bueno, yo si duermo-
Luego al encontrarse con los demás, el entrenador estubo diciendo algunas palabras, un discurso tan eterno, tantas palabras que decir, aturdiendo los oídos de los alumnos, que así se paso el día agotador y perturbador. Esa noche, Emma y Shiro se quedaron toda la noche despiertas esperando a que algo suceda allí afuera, Shiro no podía mantenerse despierta, aunque tratara y Emma miraba detenidamente la ventana haciendose una y otra vez las mismas preguntas “¿Quién habría sido el que corria hacia el carruaje? ¿y aquel joven que lo recibió? ¿Qué le habrá entregado?”
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