El brazalete era una posesión mágica que en manos de cualquier hechicero o bruja malvado, podrían suceder cosas terribles, cosas que ni se imaginarían, horribles, oscuras, temibles por todos los ciudadanos. Hace muchos siglos un hechicero muy poderoso, lo creó con una sustancia irreconocible que se unía en diez dijes, cada uno con un poder diferente, cinco elementos y cinco poderes, eran agua, fuego, tierra, aire, luz, oscuridad, tormenta, magia negra y blanca, el decimo dije, era la dichosa moneda de la reina Elizabeth |v, que tenía los mas poderosos toques de realeza y hacia que los ciudadanos obedezcan. El hombre feliz de inventar algo tan divino y poderoso, no quería que cuando muriera quedara en el olvido, así que cuando murió se lo heredo a su hijo y así sucesivamente, hasta que cayó en manos de Fermín, el cual lo tenía en una bóveda, bajo un millón de hechizos que nadie podría abrir ni acercársele a menos que sea él o alguien con su autorización.
Volviendo al caso de la mitad de moneda, Fermín dejó a los sospechosos que se quedaran una noche más.
Cuando el profesor estaba en su oficina, acomodando sus cosas, llamaron a su puerta y con un tono agradable y dulce dijo “pase” y entró Emma llevándole una canasta llena de galletas y dulces.
-profesor- dijo – quería traerle esta canasta de bienvenida-
-Oh! gracias- dijo amablemente
-no es nada hay que darle al menos una simple canasta de cosas ricas, por agradecimiento-
-¿agradecimiento?- preguntó atrancándose -no dijiste bienvenida?-
-¿eso dije? Perdón.
-y... agradecimiento ¿por que?-
-por amabilidad, honestidad...-
Y el profesor se atragantó y empezó a toser por falta de aire, hasta que pudo hablar y dijo:
-¿honestidad? Oh querida yo no soy así-
-modestia, no hace falta, usted sabe como es, todos lo sabemos -
Justo en ese momento sonó el teléfono.
-atienda tranquilo-
Cuando atendió el teléfono Emma se fue.
-DIME QUE TIENES UNA BUENA NOTICIA PARA DARME O TE CORTARÉ EL PESCUEZO-
-Señor no ha pasado una hora desde que usted me llamó-
-nuestro amo esta muy furioso, y si no le doy lo que deberías haber conseguido me matará!- exclamó
-dile que lo conseguiré pronto-
-espero que sea así, ¡si me mata te matará a ti también!-
Luego el profesor siguió acomodando sus cosas nervioso, al darse vuelta, tiró la canasta sin verla y encaminó al corredor para irse.
Mientras, en el castillo Black Shadow, Evil Mortalckico, estaba bajo las rejas por haber fracasado en su misión el día del baile, luego un ciclope alto, con orejas grandes y un ojo muy grande que ocupaba casi toda su frente, sin nariz le dice:
-ha llegado la hora-
-¡No! - gritó Mortalckico, mientras lo llevaron a un lugar oscuro, donde al atravesar una puerta se encontraron con un lugar lleno de fuego, muchos elementos de tortura, con huesos y calaveras y gente a punto de morir, enfermos, agotados, sin ganas de vivir aquel infierno.
El hombre lo ató a una rueda gigante que tenia que hacer girar un tubo que atravesaba la tierra y tiraba carbón a un plato del que comía una salamandra.
-Oh mi hermosa Flamita!- dijo un hombre, que era nada mas ni nada menos que el rey del castillo oscuro Black Shadow.
-¡mi señor!- dijo el ciclope arrodillándose- ¿puedo servirle en algo mas?-
-Si… tráeme al asistente Deathmook-
Unos minutos después llegó un hombre alto con una capa con capucha y se arrodillo rápidamente ante su rey sin decir nada, sus manos temblaban de miedo, y no se podía contener.
-dime, Deathmook, ¿dónde esta ese brazalete?-
-lamento decirle, mi señor, que no pudo conseguirlo-
-entonces contéstame, ¿mereces morir?-
-si mi señor- dijo levantándose- de la manera mas horrible que se le ocurra-
-bueno, te daré otra oportunidad, solo, porque eres el mas confiable y solo esta vez has fracasado-
El asistente con sus ojos llenos de lágrimas, alzó las manos y grito:
-OH SI MI GRAN SEÑOR, NUNCA LO DEFRAUDARÉ, dime que debo hacer-
-primero dime ¿Por qué no ha podido conseguir ese brazalete?-
-me ha dicho que una niña le ha interrumpido y no podía hacerla a un costado-
-bueno, quiero que me traigas a esa niña intrépida-
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